viernes, 20 de noviembre de 2009

ToRos Juntos: Aplausos y Lágrimas de una tradición…



Lágrimas de un toro
La muerte y la tortura, no es arte ni cultura
Por:        Roberto Carlos Morales Bascuñán 

Su última mirada esta bañada de una espesa y densa sangre roja que humedece el sueño de poder vivir en libertad; como si fuera un ser humano busca un lugar por donde escapar, pero en cada rincón de la plaza, donde ha sido citado con la muerte, encuentra a personas de todas las edades que aplauden la falsa superioridad que otro ser humano muestra frente a un confundido animal.
Es domingo, como suele ser el día elegido para cometer este viejo ritual, el torero empieza su ceremonia cubriéndose de un traje de luces que  reflejan en cada lentejuela luminosos brillos de oro y de plata que connotan el lujo y el valor de esta tradición tan dura  y contraria a la suave seda de su vestimenta; mientras tanto, hace ya 24 horas antes del ruedo, el toro ha sido encerrado en un cuarto oscuro para incitar su temor y desesperación; ya en la plaza, el toro empieza a sentir los pesados palos que atentan con su tranquilidad, que luego de haber tenido alrededor de cuatro años de una supuesta existencia placentera, buscan incitar la furia del animal y a la vez debilitarlo para que todo salga como se espera: Superioridad y triunfo del hombre.
Todo esta listo; el torero se presenta acompañado de su cuadrilla, las personas, que han pagado desde 400 hasta más de 2000 nuevos soles con la excusa de seguir una tradición, se levantan de sus asientos para aplaudirlo y seguir el paseíllo; el toro esta inquieto, quiere correr, huir, esta confundido y solo, no sabe que va a pasar cuando la única puerta que esta frente a el se abra y solo tenga que ir por ese único camino, camino que será el último en recorrer y con vida;
Luego de cumplir con un protocolo de presentación, el torero toma su capote de color rojo para recibir al toro y comenzar con el espectáculo que durará por lo menos 20 minutos; La puerta se abre y el animal se presenta frente a él, sale desesperado por la luz y por los gritos de los espectadores, esta confundido y parece feroz pero es inocente y solo busca huir, es la primera vez que este esta rodeada de tanta gente y es la primera vez que alguien se muestra frente a el con una manta de color rojo, que por cierto el animal no distingue, la Faena le permitirá al torero medir la fuerza y disposición del animal, luego de sorprender al animal y haberlo dosificado, él toma sus banderillas de madera que irán clavados en el lomo del toro, y una tras otra irán en busca de avivar al animal, con dolor, humillación y placer.





En las personas puede sentir el gozo que el ser humano siente cuando funde sus puntiagudas espadas, se burlan del caído, del próximo animal que yacerá en la tierra rodeado de cientos de personas, que hoy se dieron cita para apreciar la tortura que se le hará a un indefenso animal hasta que deje de respirar, ni sus miradas de auxilio ni sus lágrimas de perdón por el simple hecho de haberse cruzado con esta raza, podrán ayudarlo a escapar de esta tradición que se va en contra de cualquier razón del único ser que posee inteligencia.

Risas de gozo, aplausos de placer por el animal que busca desesperadamente escapar, gritos de aliento a penetrar “La Pica” 4 centímetros , que en realidad llegan a ser 9 centímetros que lastiman el pulmón del toro, obligando al animal a limitar sus movimientos y verse obligado a ser parte del show. La hemorragia interna es lenta y desoladora, el toro empieza a chorrear sangre y marearse; el público está eufórico, y el torero disfruta de estos minutos con soberbia y no duda en clavarle sus agilados arpones de 6 cm repetidamente entre 4 y 6 veces; los asistentes están orgullosos del torero y empieza la fiesta de alabanzas, estos arpones no hacen más que actuar como palanca para desgarrar los músculos del animal, profundizando y alargando el agonizar del mareado y agotado toro, que para su mala suerte, por errores, voluntarios, el torero suele retardar este momento para demostrar su dominio antes los demás. Cuando el toro baja la cabeza lo suficiente, el torero alcanza su espada para atravesarla entre las vértebras del cuello hasta llegar al corazón, si es que el toro tuvo suerte, sino, el malherido animal terminara gimiendo lastimosamente y vomitando sangre, y para poder acabar con su SUFRIMIENTO, el torero se ve obligado a tomar una pequeña puntilla para acabar con ello, incluso después de esto, alguno toros siguen vivos, pero ahora si, sin el deseo de estarlo…
La gente ríe, el toro se acercó a paso lento a la muerte con una lágrima que fue indiferente al rival de ocasión, para él fue un triunfo más y la fortuna de haber escapado con la suerte que no ocurrió con otros toreros que no lograron salir con vida del ruedo. Pero no lo es cuando miles de toros pierden su vida y son arrastrados por la arena con humillación y con la única intención de hacer con sus vidas un espectáculo…



Afuera de la Plaza seguirán las protestas, seguirán alzando su voz aquellos que han pasado de una minoría apagada a una mayoría sin temor a luchar por acabar con una tradición que fue aprendida de los españoles y que sólo se justifican con cumplir una tradición y preservar una raza, “El Toro de Lidia”.
Tradiciones que no apoyan a ningún valor social, ofrenda a un Señor Milagroso que seguramente les muestra la espalda con disgusto, obispos que no se oponen a una matanza y siguen permitiendo la  crueldad.
El arte de matar como modelo de educativo, religioso y cultural, desnaturaliza la relación entre el hombre y el animal.
¿Acaso la cultura no debe contribuir a volver al ser humano más sensible y mas civilizado?

Son mas de 20 personas que han perdido la vida frente a estos animales, Personas que marcaron y se convirtieron en una figura de respeto por haber perdido sus vidas frente a ellos, y es que ¿acaso deben ser recordados por esto?












…¿Sigues con la tradición o alzas tu voz contra ello?