miércoles, 20 de julio de 2016

Historias: La puerta de un sueño
Había una vez… cuando realmente valía la pena abrir una puerta hacia otro mundo.

Ahora ya solo recuerdo algunas cosas de niño, recuerdo algunas cosas que me gusta recrear y otras que me gustaría olvidar, pero aquellos recuerdos también forman parte de mí. Recuerdo haber creado muchos mundos distintos cuando era pequeño, no llegue a tener un amigo imaginario pero si creé batallas en la arena de alguna construcción o alguna carrera de autos en la vereda de mi parque. Una de las memorias más extraña era cuando decidí cavar en mi jardín, estaba seguro que encontraría un tesoro en él, pensaba que alguien, antes que mi familia se mude a esa casa, se había tomado la molestia de dejar alguna pieza que pueda ser un tesoro para alguien, por tesoro no me refiero a oro ni dinero, me refiero a un objeto que se pueda descubrir en el lugar menos imaginable. Luego entendí que mi madre tenía razón en ese entonces, no hallé nada más que uñas llenas de tierra.

Algunos años después, mi jardín se convirtió en un piso de concreto y solo quedó una pequeña hilera de tierra donde se plantaron algunas rosas que era invadida por hierba mala que ya luego obligado por mi madre me tocaba sacar, al parecer al final mi sueño de sacar algo de la tierra se llegó a cumplir.

Recuerdo también que de niño soñaba, y soñaba mucho. Cuando estaba a solas con mi madre le contaba algunos de mis sueños, cuando estaban mis hermanos no me atrevía si quiera a mencionarlos porque ellos ya eran adolescentes y ya habían pasado por esa etapa así que solo se hubieran burlado de mis fantasías absurdas, o tal vez no.

Los Sueños.

¿Qué es soñar? Me lo he preguntado varias veces, y es que he vuelto a usar esta palabra “soñar”. Cuando era niño mi madre me decía “acuéstate y sueña con los angelitos”, no recuerdo haber soñado con ellos ahora que intento recordar, pero si soñé muchas otras cosas: soñé con viajes, soñé que era jugador de futbol (amaba el futbol de niño), soñaba con comida (dulces en realidad para ser honesto), soñé que era estrella de cine; también tuve pesadillas. Soñé con vacaciones eternas, con un PlayStation, soñé que las noticias malas que veía se convertían en solo noticias buenas, soñé que era músico, etc. Soñaba muchas cosas pero no recuerdo haber soñado nunca con dinero, aunque tal vez algunos de esos sueños me condujera a ello. Los años pasaron, y no recuerdo en qué momento dejé de soñar con historias fantásticas. Cuando llegó la secundaria y antes de que me diera cuenta ya estaba viviendo en ese mundo que todos los adultos te recomiendan evitar, digo esto porque de niño siempre decía “ya quiero ser grande para trabajar, irme de la casa, casarme, etc.” y siempre los adultos me decían que no sabía de lo que hablaba, debía disfrutar aquellos años porque luego sería más difícil, y ¿saben qué? era cierto, debí disfrutar más aquellos años de mi niñez.



Acabo de releer el párrafo anterior y me doy cuenta que me desvié un poco de la pregunta, pero aún no termino el desorden para volver y responderla; Creo que al entrar a secundaria dejé de lado muchas cosas, en el colegio pase por varios momentos de felicidad, pero también momentos de lucha con mi yo interior. Creo que esto nunca lo conté pero hubo un año en que algunos días soñaba con desaparecer, dejar de existir y de vivir un mundo del que solo deseaba ser ajeno, aunque aún existen esos momentos, ya me siento más preparado para detenerlos y analizarlos, aunque para ser honesto, aún no los entiendo.


Soñar”, aquí voy de nuevo. Ahora que me pongo a analizar la situación, cuando era niño lo relacionaba con el poder imaginar y conseguir algunos anhelos que tenía. Estos sueños no necesariamente los iba a vivir, ya que se daban cuando cerraba los ojos y mi subconsciente era el encargado de recrear esos deseos en imágenes fantásticas que tenían un tiempo de caducidad al apenas despertar; ahora todo eso está claro,  pero ahora vuelvo a los 29 años que tengo y donde la palabra soñar ya no debería ser usaba y más bien ser reemplazada por las palabras “metas” u “objetivos” porque soñar ya solo se puede relacionar con la fantasía, ya no está permitido creer en fantasías según el ritmo de vida en el que nos ha tocado de vivir, sin intentar encontrar un culpable, simplemente no hay tiempo para eso.

Si bien es cierto que el sueño de cambiar el mundo que tenía de pequeño fue aplastado por una adolescencia inmadura creyente de ser la dueña de una única realidad, donde no hubo tregua ni negociación, simplemente se embaló y partió dentro de la caja de juguetes que toco deshacer; también es cierto que he decidido volver a utilizar la palabra soñar, sin importar lo que pueda significar para algunos.

¿Por qué tener que dejar de soñar de grandes?, más bien ¿por qué permitimos creer que debemos dejar de soñar?, cuando éramos niños podíamos crear un mundo mejor cuando cerrábamos los ojos para dormir, pero ahora que somos grandes podemos soñar con los ojos abiertos, podemos crear un mundo mejor y no solo para uno mismo sino para todos. Está claro que no es tan sencillo como cerrar los ojos e imaginarlo pero ahora podemos construirlo, tenemos un cuerpo que tiene facultades increíbles y del cual nunca dejaremos de descubrir nuevas cualidades, somos capaces de levantar edificio hasta el cielo, de cruzar el planeta volando o navegar en el mar, somos expertos para hacer que lo imposible sea posible.

Si las reglas me dicen que es imposible pues yo lo haré posible, una de las definiciones de soñar dice “imaginar que las cosas son distintas a como son en realidad”, pues imagino un mundo donde todos somos felices, donde los niños no tienen que trabajar ni dormir en la calle, donde las mujeres no son violadas y asesinadas, donde las personas se dan la mano sin importar las banderas, donde las religiones aceptan a todos sin excluir orientaciones, donde no existen invasiones por guerras sino excursiones por olimpiadas de deportes, donde no se roben ilusiones sino sonrisas, donde simplemente todos seamos igualmente felices.

Hace algunos años volví a pensar en aquel sueño que tenía de pequeño, que este mundo sí puede ser mejor. Este un mundo para valientes y para los locos que así lo creen, para aquellos que no temen decir lo que piensan y lo que sienten. Quiero trascender con consecuencias positivas, quiero contagiar este virus que he contraído porque aún somos pocos los que lo creemos, pero esta es nuestra oportunidad para decirlo sin miedo, solo tenemos una vida para intentarlo, por qué no hacerlo, o más bien, hay que hacerlo.


Estoy seguro que esto que siento ahora no es la creación de un nuevo mundo que tiene que dejar de existir cuando ponga el punto final, un mundo mejor sí es posible. No pondré punto final en este párrafo para que me creas, he decidido volver y seguir soñando, y con los ojos bien abiertos


(Tiempo que no escribo, no sé qué tal lo he hecho pero a veces me provoca escribir y dejar pistas por si en el algún momento pierdo la brújula)

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