martes, 14 de octubre de 2008

MI DULCE AMARGA ODISEA

Hoy me subiré a la JV y solo Dios sabe que pasará.

Hoy me subiré al ómnibus de la JV, que tiene como inicio de ruta en Ventanilla y fin en Santa Clara, pasando Huachipa, es un viaje de más de tres horas recorriendo Callao y Lima, es por esto que durante todo el recorrido el bus se encuentra repleto por los lugares a los que llega; Está demás decirles que este viaje no lo realizaré por completo, por suerte solo tengo que llegar a La Molina y me bajaré en la primera cuadra de dicho distrito.
Esto es un reto para mí, ya que odio esta línea de buses, desde la primera vez que lo vi le agarre fobia por como las personas viajaban en el carro, como si no supieran lo que es comodidad ni tranquilidad, estoy más que seguro que reafirmare lo visto con lo que viviré tal vez en las próximas dos horas.
Es viernes, son casi las cinco de la tarde y estoy situado en el cruce de las avenidas de La Venezuela con Faucett, veo venir a este monstruo que me llevará a mi destino, saco la mano y el cobrador me da una bienvenida nada cordial ya que me hizo subir a tropel, sin importarle si me tropezaba o si dejaba mi segundo pie en tierra. Desde ese momento pensé: “comenzó mi calvario”, para mi triste suerte no pude ubicar espacio alguno para poder soportar este viaje tan largo; La música se encontraba a un volumen moderado y era de mi agrado, siendo el ritmo del reggaetón que se tocaba, podría ser que esto ayude a que el viaje no se me haga tan largo.




Llegando a Plaza San Miguel, ya habíamos corrido con la suerte de haber recibido por lo menos dos vendedores ambulantes, quienes con sus discursos mas que exagerados nos hicieron saber a la fuerza que uno de ellos era un ex recluso del Lurigancho, claro que esto ayudó a que muchos de nosotros nos animemos a comprar sus frunas de Ambrosoli que cuestan 10 centavos pero en esta oportunidad costaron 20; recuerdo al cuarto vendedor de los casi ocho que desfilaron en la angosta pasarela de aquel pasillo, con su discurso sobre como podíamos reencontrarnos con el Señor y librarnos de la droga maldita, que era así como la llamaba ahora, luego de haberla consumido y disfrutado en su momento por más de 15 años y que hoy se arrepiente de lo hecho, solo me quede deseando que todo lo dicho sea verdad para su bien.
Con el avance del recorrido y de la hora, se tornaba más pesado por el volumen de personas que subían y bajaban, y el tráfico que cada vez se volvía más insoportable debido a la hora y al estado deprimente en que se encontraban las pistas.
Puedo ver que no soy el único que siente mortificado con la existencia de estos buses, sino que también las mujeres tienen sus problemas con el ajustado espacio que hay y el contacto entre los pasajeros, amenazando el criterio de muchos ; otro problema que pude apreciar fue como las personas olvidan su educación y pueden ver como una persona embarazada tiene que esperar de pie y que una persona de edad salga a pedir su asiento reservado a un joven, y le comente que en sus tiempos todo era diferente y sobre el respeto que se ha perdido con el pasar de los años, dando una vergonzosa imagen a los jóvenes de hoy.
No aguanto más el viaje y veo con ansias el cruce de la av. La Molina con Javier Prado, me acercó al cobrador y le pido al que anuncie mi último paradero; Fueron más de dos horas de incomodidad pero lo pude terminar.
Para terminar mi largo viaje me dirigí al supermercado Metro para endulzarme con un pastel de selva negra y así olvidar por un rato el camino que me esperaba a casa, espero no volverme loco.

1 comentario:

Gabytta dijo...

el guzto
x scribir! xD!